Degustación de Garnachas de Bodegas Aragonesas

Bodegas Aragonesas

Hace unos días, miembros del equipo de Wine is Vino tuvieron la oportunidad de asistir a una cena maridaje con algunos de los vinos de Bodegas Aragonesas, guiados y asesorados por la persona que ha parido estos vinos, el enólogo de la bodega, Javier Vela.


De acuerdo con lo que nos explican, Bodegas Aragonesas es un proyecto de éxito, el resultado de fusionar dos cooperativas, la de Magallón y la de Fuendejalón, y apostar por dejar los vinos de granel atrás y elaborar vinos de calidad.
Según Javier Vela, el proyecto de Bodegas Aragonesas se basa en conseguir un producto de calidad, a partir de una materia prima de altísima calidad, pagada a precios justos, es decir, actuar como empresa a la vez que como elemento real de vertebración del territorio, haciendo viables explotaciones, que en otros lares no lo serían.
En Bodegas Aragonesas utilizan diversas variedades de uva, pero la que más y mejor usan es la Garnacha, una variedad ampliamente extendida por toda la zona de Campo de Borja, con viñas centenarias en muchos casos y de tradición casi milenaria. De hecho, ya se tiene constancia de su cultivo en documentos del S.XII del Monasterio de Veruela. Esto no es casual, el Campo de Borja se encuentra a los pies del Moncayo, monte del sistema ibérico que condiciona el clima de la zona haciéndolo seco, extremo y ventoso. La mejor variedad para estas condiciones, es sin duda la Garnacha, cosa ya conocida por los agricultores des de tiempos remotos.


Para esta cena guiada, Javier Vela selecciona 5 vinos, un blanco producto de un trabajo de I+D en colaboración con la facultad de químicas de la Universidad de Zaragoza, y cuatro Garnachas 100% distintas entre ellas.
El Primer vino, el SOLO Tiólico:

El Primer vino con el que nos regala el Paladar Javier es el experimental SOLO Tiólico. Este es un blanco elaborado con 100% Moscatel de Alejandría, pero que en lugar de encontrar un vino dulce, encontramos un vino blanco fresco, con aromas de fruta de hueso, fruta tropical, cítricos, alguna hierba, con un paso por boca denso, una acidez marcada que aporta frescura, un tanto graso al paladar y un final medio con un gran retro nasal, donde la fruta, cítricos especialmente, vuelven a aparecer. Sin duda, nos encontramos con un Moscatel nada convencional. Este vino es el resultado de un estudio hecho en colaboración con la Universidad de Zaragoza, donde se han descrito exactamente las características organolépticas, además de un listado de componentes presentes en el vino en cada momento de maduración de la uva. En este trabajo, dividen el proceso de maduración en cuatro estadios, llegando a la conclusión que el estadio tiólico, el segundo estadio, es el óptimo para la elaboración de un vino blanco de calidad y cualidades óptimas. En el primer estadio, el vino obtenido hubiera sido excesivamente verde y falto de aromas y sabores, en el tercer estadio hubiera sido un vino necesitado de ayudas externas para ser terminado (crianzas, roble, lías, etc…) y el cuarto estadio es el tradicional, con una uva sobremadurada que da un mosto extremadamente dulce con el que elaborar el típico vino dulce, Mistela de Moscatel.

El segundo vino, el SOLO Centifolia:


Para el segundo plato, Javier empieza con las Garnachas. Empezamos con el Solo Rosado centifolia, un vino rosado elaborado 100% con garnacha. Este Solo centifolia nos cuenta Javier, que se elabora buscando la semejanza de color a los rosados de Garnacha de la Provenza Francesa, pero con la diferencia que allí utilizan una Garnacha gris que aporta mucho menos color y permite una elaboración distinta. Para elaborar este rosado, la uva se macera en frío durante sólo 4 días, antes de desfangar y proceder a la fermentación. En este caso, el vino es un rosado de color muy pálido, color cebolla, con un aroma donde detectamos fruta roja y suaves toques a pétalos de rosa centifolia y alguna fruta tropical. En boca nos encontramos un vino fresco, voluminoso, con una buena acidez y un final donde la fruta roja y la rosa aparecen de nuevo. Este es un rosado, que con los ojos vendados costaría determinar si es un blanco o un rosado, puesto que es un vino fresco, floral y desenfadado, sin duda, una nueva manera de ver y beber la Garnacha.

Tercer Vino, el Coto de Hayas Garnachas Centenarias:


Para seguir con las Garnachas, cambiando completamente de registro, Javier nos propone, con el tercer plato, un Coto de Hayas Garnachas Centenarias. Este vino, Bodegas Aragonesas lo incluye en el grupo Garnachas Celestiales de su gama de vinos. Se trata de un tinto 100% Garnacha, elaborado con garnachas muy viejas, plantadas en vaso a los pies del Moncayo. Este vino se elabora con plantas muy viejas que, en muchos casos, no llegan a dar un Kg de uva. Esta Garnacha, una vez fermentada, se pasa ligeramente por roble, sólo 4 meses durante los cuales realiza la fermentación maloláctica. Encontramos un tinto donde predominan claramente los aromas de la variedad, fruta roja con un suave, muy suave, fondo tostado y algo especiado. En boca es un tinto de entrada suave, con un buen volumen, una buena estructura, carnoso, con un tanino muy ligero y muy largo, con un retro nasal donde la fruta vuelve a ser la protagonista, dejando un poco de espacio, sólo un poco, a los aromas de roble.

Cuarto vino, el Fagus:


Siguiendo con las Garnachas, para el cuarto plato, Javier Vela nos obsequia con la estrella de la casa, la Garnacha que más éxitos ha cosechado y que ha lanzado Bodegas Aragonesas a la cúspide de los elaboradores de Garnachas, El FAGUS 2014, un tinto elaborado con garnachas seleccionados de distintos pagos, con producciones inferiores al Kg de uva por planta y de plantas de más de 40 años. Este tinto, después de la fermentación, pasa 10 meses en barricas de roble Francés nuevas, tiempo durante el cual realiza la fermentación maloláctica en unas barricas y se pule en otras… Nos encontramos con un tinto de aromas varietales e intensos, donde destaca la fruta roja y negra, sobre un fondo algo mineral y con toda la gama aromática del roble, vainilla, tostados, café, especias, etc… Cuando probamos el Fagus, encontramos un vino que entra llenando la boca por completo, dejando una sensación de sedosidad muy agradable, un punto graso, amable, con un tanino que solo refuerza la estructura, una acidez que sirve de contrapunto a tanto volumen, en resumen, un vino equilibrado, completo y largo, con un post gusto donde la fruta madura, junto a los aromas de crianza dejan un recuerdo difícil de borrar.

Quinto vino, Coto de Hayas Mistela – Vino dulce natural:


Para terminar, Javier quiso rematar la cena con otra Garnacha un tanto especial, nos obsequió con una garnacha dulce, La Mistela del Coto de Hayas. Se trata de un vino dulce natural 100% Garnacha, del cual Javier nos comenta que, al menos en España, no tiene mucha salida. A nosotros nos vienen a la memoria los dulces de Garnacha que se elaboran en la zona de Tarragona y del Empordá, tierras de Garnachas, igual que en Borja, y pensamos que es una pena que este potencial quede en el olvido de la mayoría de consumidores, que se conforman con dulces de Jerez y poco más… Que son grandísimos, increíbles, espectaculares, exquisitos vinos dulces, pero de elaboración diametralmente opuesta a estas garnachas del Noreste peninsular (Aragón y Cataluña principalmente, aunque no únicamente). Este vino dulce se elabora a partir de Garnachas de viñedos de más de 30 años, de donde se recolecta uvas sobremaduradas y sanas (Muy importante la sanidad en este caso), que se maceran y fermentan durante 3 semanas a 28ºC y hasta que la fementación se detiene naturalmente, quedando un buen residuo de azúcar. Para afinar este vino, tras la fermentación, se traslada a barricas de roble francés nuevo, donde reposa durante 5 meses y adquiere el complemento perfecto a su sabor y aroma. En este caso encontramos un vino de aromas intensos, donde, como no podía ser de otra manera, destacan aromas de fruta muy madura, ciruelas, pasas, alguna melmelada, sobre un fondo tostado y con recuerdos a caramelo, que es el complemento perfecto a los primeros. Sin duda, una combinación aromática espectacular. En boca, la cosa mejora, si es posible, encontramos un vino de entrada suave, con un puntito de acidez que le da frescor, mucha dulzura, sedosidad, un tanino que parece mantequilla de lo pulido que está, una sensación envolvente y un final largo donde aparecen las compotas junto a notas de cacao y tostados. Este es sin duda un vino dulce perfecto para acompañar postres, platos grasos tipo foie, etc… Un dulce equilibrado, que no ataca a las papilas gustativas, sedoso y aterciopelado, un vino a reivindicar y dar a conocer por todas partes.

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